Home Yo, Mi, Me, Conmigo

Complicidad

Mi mente no para de darle vueltas a mis pies, que se mueven intranquilos entre las sábanas que tú has desordenado previamente, y que se han hundido hasta el final de nuestra cama. Mis parpados velan a tus ojos, encerrados en los míos. Mi cuerpo se mueve suavemente hacia el tuyo que yace nervioso a un lado de la cama, me recuesto en tu pecho y mi dedos no paran de acariciarte. Pienso en que me gustaría escribir mil historias tuyas y mías sobre tu piel. Me enamoro de tu almohada y de ese gesto que hace tu nariz moviéndose hacia la mía para acariciarla. Me siento insegura pero en paz, doy media vuelta y tu me abrazas sin dejar que un milímetro de mi cuerpo se quede fuera del tuyo.

El azul de las sábanas se confunde con el color del amanecer que se cuela entre las rendijas de la ventana. Poco a poco nuestra noche cubre la habitación y el sueño «compartido» vuela pizpireto hasta hipnotizarnos, en nuestro mundo al revés pasan las horas y en la oscuridad. Los minutos de aquel alba los recuerdo como si fuera ayer, ya ha pasado mas de un año desde la primera vez que dormí contigo, ahora tus manos no dejan de sujetarme, aunque a veces me pongan en el abismo. Intento describirte, y después de tantas momentos, mi mano aún no  sabe dibujarte. Me calmó un minuto y sale la simplicidad que lo dice todo: Dormir contigo es suave, tierno, y me sabe a algodón de azúcar. Dormir contigo ¡qué locura!, cantándote mi nana o contándome tú un cuento. Dormir contigo ¡cariño! es… Ponle tú el final.

Otras aventuras...

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *